Description
Los microgreens de mandarina son pura frescura cítrica en formato mini. Al probarlos, lo primero que aparece es una nota dulce y brillante de mandarina recién pelada, seguida de un matiz verde y ligeramente herbal que limpia el paladar. El aroma es vivo, chispeante y alegre, como rallar piel de cítrico justo antes de servir: fresco, ligero y con un punto floral que los hace sorprendentemente elegantes.
En cocina destacan por su capacidad para levantar platos sin robar protagonismo. Funcionan especialmente bien en crudo, donde conservan toda su intensidad aromática: son ideales como acabado en pescados blancos, mariscos, carpaccios, ensaladas delicadas y arroces suaves. También brillan en cocina dulce, sobre yogur, frutas, tartas ligeras o chocolate, creando un contraste ácido–dulce muy limpio. Mi opinión directa: son un microgreen perfecto para chefs que entienden el equilibrio; no están hechos para esconderse en un salteado, sino para aportar ese golpe final de frescor que cambia un plato entero.
Su inspiración viene del mundo de los cítricos, cuya historia arranca en Asia, especialmente en China, donde las mandarinas se cultivan desde hace miles de años tanto por su sabor como por sus propiedades tonificantes. Esa herencia se refleja en estos brotes jóvenes, que concentran el carácter del fruto en una forma mucho más sutil y vegetal.
Desde el punto de vista nutricional, los microgreens de mandarina aportan vitamina C, antioxidantes y compuestos aromáticos naturales que ayudan a combatir el estrés oxidativo y apoyan el sistema inmunológico. Su perfil ligero los hace especialmente interesantes en dietas enfocadas a la digestión y la vitalidad, ya que estimulan suavemente el apetito y aportan sensación de frescor sin resultar pesados. Además, los aceites esenciales responsables de su aroma tienen efectos antimicrobianos leves y un impacto positivo en el estado de ánimo — sí, literalmente huelen a “buen día”.



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